El fútbol no fue una elección para Noelia Ramos; fue una herencia, un lenguaje familiar y, sobre todo, una victoria sobre el destino. Nacida con un corazón que tuvo que luchar desde sus primeros meses de vida, Noelia cambió las muñecas por balones y los pronósticos médicos por una realidad de élite.
En este relato, la actual portera y maestra nos abre las puertas de su trayectoria: desde el día en que decidió "volar" para proteger la portería, hasta los pilares invisibles de disciplina, psicología y recuperación que sostienen a una atleta en la máxima categoría. Es la crónica de una mujer que entiende que la verdadera fortaleza no reside solo en los guantes, sino en un alma que sirve de ancla y una mentalidad inquebrantable de ser un 1% mejor cada día.
Noelia Ramos: Historia de superación, fútbol y mentalidad
Mi historia con el deporte comenzó prácticamente desde que nací. Tanto mi hermana como yo siempre pedíamos balones de fútbol y no muñecas. En casa el fútbol formaba parte de nuestra vida: mi padre fue futbolista profesional en Segunda División y mi tío jugó en Primera División. Mi hermano también era futbolista y mi madre, aunque no lo practicara, siempre estuvo ahí, acompañándonos a cada partido y viviendo cada momento con nosotros.
Desde pequeña siempre he tenido muy presente una frase que me define: “Soy guerrera y moriré guerrera.”
Con tan solo cinco meses tuvieron que intervenirme de un doble arco aórtico, y mis primeros años de vida fueron bastante delicados. Sin embargo, como siempre dijeron mis padres, Noelia estaba hecha para luchar por sus sueños. Y así fue.
A los seis años recibí el alta médica y por fin pude comenzar a jugar al fútbol. Algo que tiempo atrás parecía impensable, pero que logré gracias a la fuerza, la constancia y al apoyo incondicional de mi familia.

Durante mis primeros años jugaba como delantera. Me gustaba estar cerca del gol y participar en el juego ofensivo. Sin embargo, la portería siempre me llamaba la atención. Hasta que un día, con once años, lo tuve claro. Recuerdo decirle a mi padre:
Papá, quiero volar como esos porteros
Ese mismo día fuimos a comprar mis primeros guantes y, al día siguiente, ya estaba bajo palos. Desde entonces supe que ese era mi lugar.
El fútbol me ha acompañado toda la vida. Incluso antes de terminar la etapa mixta jugando con chicos, llamaron a mi hermana y a mí para formar parte del club en el que actualmente milito: el CD Tenerife Femenino. Con tan solo 15 años debutamos en Primera División, cumpliendo un sueño que empezó cuando apenas éramos unas niñas jugando con un balón.
El vínculo que tengo con este deporte va mucho más allá de la competición. El fútbol me ha regalado momentos mágicos, pero también me ha enseñado a enfrentarme a las dificultades, a gestionar las adversidades y a entender que el camino hacia los sueños nunca es perfecto.
Porque si algo he aprendido es que mi alma es mi ancla y mi verdadera fortaleza está en mi interior.
Han sido años de esfuerzo, disciplina y sacrificio, compaginando el deporte con los estudios y dedicando muchas horas a ese trabajo invisible que nadie ve. Un esfuerzo que también me permitió cumplir otra de mis grandes pasiones: convertirme en Maestra de Educación Infantil.
El camino ha sido bonito, aunque también ha tenido tropiezos, que al final forman parte de la vida. Pero los valores del fútbol y del deporte en general van mucho más allá del éxito o de los resultados. Para mí, ser un 1% mejor cada día ya es una victoria personal.
Mantenerse en la élite exige cuidar cada detalle. Por eso me considero una persona ambiciosa y disciplinada. En mi día a día trabajo aspectos fundamentales como la nutrición, la preparación física, la psicología deportiva, el descanso y el entrenamiento invisible. Todo suma.
Porque cada pieza que depende de ti mismo debe estar bajo tu control y al 200%. Esa es mi mentalidad.
La importancia de la recuperación
Dentro de esa mentalidad, la recuperación es tan importante para mí como el propio entrenamiento. Es una parte esencial de mi rutina y una de las claves para poder rendir al máximo nivel.
Mis cinco pilares para una buena recuperación son:
- Mantener una dieta saludable
- Priorizar un descanso de calidad y por supuesto con mis botas de presoterapia Sizen.
- Mantener una correcta hidratación
- Cuidar el equilibrio emocional
- Utilizar terapia de luz roja para favorecer un sueño reparador
Escuchar a mi cuerpo forma parte de mi cuidado diario. Saber cuándo exigir y cuándo recuperar es fundamental para mantener el equilibrio y conseguir una recuperación activa y consciente.
Con el paso de los años he aprendido que cuidar cada pequeño detalle marca la diferencia. Porque al final, ese trabajo silencioso que nadie ve es el que realmente construye el rendimiento y la excelencia.
Mi camino en el fútbol es mucho más que una carrera deportiva; es una forma de entender la vida. Cada entrenamiento, cada partido y cada obstáculo superado me han enseñado que los sueños se construyen con esfuerzo, constancia y pasión.
Sigo trabajando cada día con la misma ilusión que cuando era una niña que soñaba con volar bajo palos, porque sé que el verdadero éxito no solo está en los logros, sino en la capacidad de seguir creciendo, superarse y dar siempre la mejor versión de uno mismo.



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