Prueba de 15 días

Descubre la apasionante trayectoria de Julen Saenz de Ormijana, una de las figuras más destacadas del trial actual. En este artículo, el piloto vitoriano nos abre las puertas de su carrera deportiva para compartir cómo un niño fascinado por los obstáculos en las calles de su pueblo logró escalar hasta convertirse en Subcampeón del Mundo y Campeón de España 2026. No es solo la historia de un deportista de élite, sino un relato sobre la importancia de tomar decisiones difíciles y mantener la constancia cuando el camino se llena de piedras

Acompaña a Julen en un recorrido que va desde sus primeras pedaladas con una Monty 219 hasta los secretos de su preparación física y recuperación muscular en la alta competición. A través de sus vivencias, entenderás que el éxito en el trial no solo depende del equilibrio sobre la bicicleta, sino de la capacidad mental para superar lesiones y aprender que, en el entrenamiento de alto rendimiento, "menos es más".


Julen Saenz de Ormijana: Mi camino de Campeón de España a Subcampeón del Mundo de Trial

Soy Julen Saenz de Ormijana, piloto de Trial UCI, actual Subcampeón del Mundo y Campeón de España 2026.

Desde pequeño he estado muy vinculado al deporte. Siempre he sido un niño muy activo y apasionado por probar diferentes disciplinas, tanto deportes de equipo como individuales. Me llamaban especialmente la atención aquellos deportes que eran diferentes a los demás.

Mi padre era un gran apasionado del trial en moto, pero claro, con 8 años una moto no era la mejor opción. Así que tuve que apañarme con la bici que tenía por casa. Empecé a subir y bajar escaleras por el pueblo, intentaba hacer caballitos y probar cosas nuevas. Incluso recuerdo que le quitaba el asiento a la bici para que se pareciera más a una auténtica bici de trial.

Después de ver lo mucho que me gustaban las dos ruedas, mi padre decidió llevarme a una competición regional en Oiartzun (Gipuzkoa). Allí competían pilotos de todos los niveles. Fue la primera vez que vi con mis propios ojos lo que era el trial y todo lo que se podía hacer con esas bicicletas.

Guardo ese recuerdo con muchísimo cariño, porque fue mi primera toma de contacto con lo que acabaría siendo el deporte de mi vida.

La competición se celebraba en plena naturaleza, en la montaña, al lado de un río. Las zonas estaban en las orillas y los pilotos tenían que superar obstáculos como rocas, tierra e incluso atravesar el agua con la bicicleta. Aquello me dejó fascinado. Sin duda, me enamoré de este deporte.

A partir de ese momento mi padre me apuntó a una escuela de trial del ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz. Todos los sábados íbamos a entrenar. Durante las primeras semanas me dejaban una bicicleta para probar, ya que estas bicis son bastante especiales y caras como para comprar una sin saber si realmente te va a gustar.

En mi caso, no hubo ninguna duda. Después de unas semanas probando la bici, yo ya tenía claro que quería la mía. Viendo la ilusión que tenía, mis padres me regalaron mi primera bicicleta de trial: una Monty 219.

Esa bici marcó un antes y un después para mí. Con ella di mis primeros saltos, aprendí a girar, a frenar con precisión y a levantar la rueda trasera. Así fueron mis primeras pedaladas en el trial.

Como he comentado antes, era un niño con bastante equilibrio y habilidad para este deporte, pero en ningún momento pensé que llegaría hasta donde estoy hoy.

El día que decidí tomármelo en serio

Comencé a practicar trial con 10 años, pero había un problema: también practicaba otros dos deportes.

Por un lado estaba el trial, que entrenaba casi a diario. Me encantaba aprender nuevos trucos y superar mis propios límites. También jugaba a pelota mano, donde estaba apuntado a actividades extraescolares y algunos sábados teníamos partidos que coincidían con los entrenamientos de bici. Y, además, me encantaba jugar al fútbol con mis amigos, que estaban en un equipo y siempre intentaban convencerme para que me apuntara.

Llegó un momento en el que era imposible hacerlo todo. Mis padres me dijeron que tenía que elegir uno de los tres deportes.

Fue una decisión difícil, pero las dos ruedas siempre habían tenido algo especial para mí. Elegí el trial, una decisión que sin duda marcaría un antes y un después en mi carrera deportiva.

El trial es un deporte minoritario y no todo el mundo está preparado para practicarlo. No es fácil subirse a una bicicleta sin sillín, con una postura muy adelantada y bastante inestable comparada con una bicicleta convencional.

Además, dominar las técnicas básicas del trial —como pivotar, girar, mantener el equilibrio o bajar obstáculos— requiere mucha habilidad, coordinación y horas de entrenamiento. Pero sobre todo, requiere algo fundamental: constancia.

El deporte lo ha sido todo para mí.

Desde pequeño era mi forma de desconectar de la vida diaria. Cuando cogía la bicicleta de trial, mi mente se olvidaba de todo lo demás. En el momento en el que me ponía el casco, los guantes y me subía a la bici, algo cambiaba dentro de mí. Sentía una mezcla de felicidad y energía difícil de explicar.

También era una lucha constante conmigo mismo: intentar superar lo que había hecho el día anterior, desbloquear nuevas técnicas o saltar obstáculos cada vez más grandes. Pero no todo ha sido un camino de rosas.

He tenido que caerme muchas veces para conseguir aquello que soñaba. Había días en los que las cosas no salían como quería o no lograba superar ciertos obstáculos. Aun así, siempre he tenido claro algo:

Si no lo intentas, nunca lo conseguirás.

A lo largo de los años he tenido que luchar contra muchos pensamientos negativos que me decían que lo dejara o que todo el esfuerzo no iba a servir para nada.

Uno de mis mayores dones siempre ha sido la constancia. Recuerdo especialmente cuando tenía 17 años, en mi primer año en categoría Junior. Conseguí un segundo puesto en el Campeonato de España, un resultado increíble para ser mi primera temporada. Ese año llevaban al Mundial a los tres mejores pilotos, pero finalmente no me convocaron.

Al año siguiente era mi gran oportunidad, pero el Campeonato de España no salió como esperaba y terminé en quinta posición, quedándome otra vez fuera del Mundial. Fueron años muy duros, porque sentía que tenía el nivel para luchar por las primeras posiciones, pero los resultados no terminaban de llegar.

Después de la etapa Junior pasé a Élite, la categoría máxima del trial. Los dos primeros años fueron muy difíciles. El nivel era altísimo y conseguir una plaza para el Mundial parecía casi imposible.

Entonces llegó un momento clave: la pandemia. Decidí cambiar de categoría y pasar de 20” a 26”, es decir, cambiar el diámetro de las ruedas de la bicicleta. Ese año no hubo competiciones, así que me centré en entrenar y adaptarme a la nueva bici. Al principio fue muy complicado porque las medidas son muy diferentes y la forma de pilotar cambia bastante. Pero poco a poco empecé a notar una progresión muy grande. En 2021 llegó uno de los mejores años de mi carrera: entré en un equipo oficial y conseguí competir en el Mundial. Pero no solo eso: gané mis dos primeras medallas:

  • Plata individual
  • Oro por equipos

Fue un sueño hecho realidad. Pero después de ese gran momento llegaron nuevos problemas. Empecé a tener molestias en la rodilla izquierda. Uno de los meniscos estaba fisurado y tuvieron que operarme. La recuperación fue larga y complicada, y hubo momentos en los que llegué a pensar que nunca volvería a mi mejor nivel.

Gracias al trabajo y la constancia conseguí volver a entrenar y clasificarme para el Mundial de 2022. Sin embargo, cuando parecía que todo volvía a ir bien, en la última vuelta de la carrera me rompí el codo y tuve que abandonar. Fueron años muy duros, tanto física como mentalmente. Pero si algo he aprendido en todo este camino es que, después de cada caída, siempre se puede volver más fuerte.

Por qué entrenar menos puede hacerte rendir más

Hace unos años entrenaba muchísimas horas al día sobre la bici de trial. El problema era que no siempre eran entrenamientos de calidad. A veces una sesión que debía durar una hora terminaba convirtiéndose en tres horas de entrenamiento, pero con mucha fatiga y un rendimiento mucho menor. Con el tiempo me di cuenta de algo importante:

A veces, menos es más.

Pensamos que entrenar más horas significa mejorar más rápido, pero no siempre es así. Ahora trabajo con sesiones planificadas por mi entrenador. Intento dar el 100% durante el tiempo marcado, buscando que el entrenamiento sea intenso y eficaz. Esto me permite recuperarme mejor y llegar en mejores condiciones a las sesiones de gimnasio. Además, algo que me ayuda muchísimo es cuidar la recuperación muscular.

Después de entrenamientos intensos o antes de una competición siempre realizo una pequeña rutina de estiramientos y movilidad. Esto me permite llegar al día siguiente con el cuerpo más suelto y preparado. Uno de mis compañeros habituales en los viajes a competiciones es el rulo de masaje. Antes de acostarme suelo realizar varios ejercicios para relajar los músculos y dormir mejor.

Este año, además, cuento con el apoyo de SIZEN, que me ayuda a recuperar el tren inferior después de los entrenamientos o antes de competir. Las primeras sensaciones con las botas han sido increíbles. La sensación es muy similar a las sesiones de rulo que suelo hacer antes de dormir: ayudan a relajar los músculos y estimulan la circulación para mejorar la recuperación. Sin duda, les daré mucho uso esta temporada.